Ayer por primera vez desde que llegué a Canadá, pisé el consulado en Toronto, por fin me registré para votar. Y la sensación fue rara. El señor de la recepción fue sumamente amable y super cooperativo, lo que hizo que mi experiencia fuera agradable, y ya no le tenga culillo volver a ir. Pero detrás de él, estaba una foto tamaño gigante de Chávez... eso ya revuelve mi estómago. Pero la peor sensación fue cuando en la puerta de entrada, está nuestro glorioso escudo nacional y su bello caballo tiene la cabeza viendo de frente... Me sentí asqueada, no se por qué. Asumo que fue porque crecí con un escudo que daba orgullo, que tenía historia, pero que no tenía un tinte político, así como la bandera. Aún con las cosas políticas que pasaban en Vzla, los símbolos patrios no se veían afectados. Y ahora, como parte del plan de desarraigo de Chávez, la mayoría de nuestros símbolos patrios han sido modificados y teñidos.
Todo en mi país ha sido teñido por este hombre, y solo las fotos del pasado son las que me hacen no olvidar de donde vengo, mi niñez, mis vecinos, mi casa, mis experiencias. Mi vida aqui es tan plena, que a veces me parece irreal mi vida en venezuela, como si hubiera vivido dos vidas diferentes, creo que esto ya lo dije antes. Pero me pareció más palpable, cuando entraba en el consulado, había unas fotos espectaculares de mi país, del Hotel Humboldt, del Salto Ángel, de los Ándes y me sentí por un minuto que las imágenes eran prestadas en mi cerebro, pero dos minutos después, las reconocía, otra vez me sentí venezolana. Estoy teniendo algo de sentido? Tal vez no, mis sentimientos hacia Caracas especialmente siguen siendo tan encontrados, que es doloroso. Tengo unos amigos argentinos, que recientemente fueron a Buenos Aires y hablaban de la inseguridad y tal, pero aunque de otra manera, su ciudad sigue siendo su ciudad. En mi caso, mi ciudad es irreconocible y eso hace que mis sentimientos hacia Caracas sean distintos a los de ellos hacia Buenos Aires.
Creo que estos cambios hormonales no me ayudan mucho jeje, extraño a mi familia y me ha dado por comer más comida venezolana que de costumbre. Y esto de empezar una familia propia me hace reflexionar más y más sobre que quisiera que mi hij@ sienta orgullo de mis raíces, y de cómo haré que eso pase. Mis raíces son tan variadas jajaja que tengo un trabajo titánico!
Bueno, esas son mis reflexiones de esta semana, por ahora sigo encubando y sobreviviendo a las nauseas y al malestar.
Saludos!